El 20 de diciembre pasado la Unión Europea aprobó la Innovative Medicines Initiative, un programa de 3.230 millones de euros para ayudar al descubrimiento de nuevos fármacos. La idea era mejorar una de las partes más complejas de crear un nuevo medicamento, la predicción de los efectos secundarios.
A parte de hacer una serie de recomendaciones para calcular tanto los efectos buscados, como los no deseados, el dinero se emplearía en proyectos de investigación realizados por grupos de científicos de universidades y de empresas.
Apenas dos meses después ya están apareciendo los primeros problemas. El primero: la Unión Europea sólo aporta 2.000 millones de euros y no está muy claro de dónde va a salir el dinero restante.
El segundo implica a las empresas participantes. ¿Harán las grandes farmacéuticas como Merck, Sanofi-Aventis, AstraZeneca o Pfizer públicos sus resultados? Sus estudios beneficiarían a sus competidores, así que no sabemos hasta que punto estarán implicados en esta iniciativa.
Tendremos que esperar a ver como se desarrolla todo.

