| |
INTRODUCCIÓN A LA NANOTECNOLOGÍA
Ideas
que circulan a una velocidad vertiginosa producen
en Internet una explosión de futuro.
Y el pronóstico más atrevido es
el de la nanotecnología, porque habla
de máquinas pequeñas al extremo
de lo invisible capaces de construir edificios,
detener enfermedades, pelear guerras y producir
alimentos. Pero lo más escalofriante
es que no se trata de algo descabellado: la
revolución ya comenzó y en unos
50 años los humanos podrían ver
cosas que la ciencia ficción más
atrevida apenas comienza a intuir.
Hace 40 años el físico Richard
Feynman, ganador del Premio Nóbel, fue
invitado a pronunciar un discurso en una institución
tecnológica de California. Pudo haber
sido otra pieza de oratoria, pronunciada por
un científico ilustre, pero esta vez
no fue así. De hecho, sus reflexiones
generaron un eco que cada vez suena con más
fuerza.
"Los principios de la física, tal
y como yo los entiendo, no niegan la posibilidad
de manipular las cosas átomo por átomo...
Los problemas de la química y la biología
podrían evitarse si desarrollamos nuestra
habilidad para ver lo que estamos haciendo,
y para hacer cosas al nivel atómico",
dijo Feynman en 1959.
Así, a secas, esas palabras no son estremecedoras.
Pero este párrafo está citado
a lo largo y ancho de Internet en algunos de
los sitios web más comprometidos con
el futuro de la humanidad por una sencilla razón:
fue la primera vez que se hizo pública
la visión de intervenir en el orden de
los átomos.
Y esa es la base de una ciencia que tiene un
nombre cada vez más pronunciado: nanotecnología.
¿Lo pequeño es hermoso? No, lo
pequeño es maravilloso y misterioso,
dicen los investigadores lanzados a explorar
en forma definitiva un sector del desarrollo
tecnológico que hasta ahora permanecía
a oscuras, y que podría iluminar el mundo.
Muchas de las predicciones nanotecnológicas
pueden parecer alucinaciones, pero se asegura
que algunas se harán realidad durante
el período de vida de quienes estamos
leyendo estas líneas.
Feynman, por cierto, no abundó demasiado
en sus reflexiones y de hecho sus palabras no
tuvieron demasiada trascendencia hasta comienzos
de los 80, cuando un estudiante de pregrado
del Instituto Tecnológico de Massachusetts
(MIT), Eric Drexler, insinuó la posibilidad
de crear sistemas de ingeniería a nivel
molecular. En1986 lo publicó en un libro
con el título de "Los motores de
la creación", considerado como un
clásico de este nuevo mundo.
Todo tiene que ver, comenzaba diciendo Drexler,
con la forma como están ordenados los
átomos. "Carbón y diamantes,
arena y procesadores de computadoras, cáncer
y tejido sano: a través de la historia,
las variaciones en el orden de los átomos
han diferenciado lo barato de lo caro, lo sano
de lo enfermo".
La tesis definitiva es que si se toman prestadas
ideas de la naturaleza y se cuenta con capacidades
generadas por el avance de la ciencia, sería
posible construir máquinas que podrán
influir sobre el orden de los átomos,
de manera tan precisa como para emular el proceso
de creación.
Máquinas que estarían representadas
por "cualquier sistema, generalmente de
estructuras rígidas, formado o conectado
para alterar, transmitir y dirigir fuerzas aplicadas
según una fórmula predeterminada
para conseguir un objetivo específico,
como el desempeño de un trabajo productivo",
de acuerdo con una definición citada
por Drexler, que tiene una de sus bases de operaciones
en el futurista Foresight Institute.
Para comprender cuál es el alcance de
esta cruzada, es necesario aclarar que el mínimo
microchip, una maravilla tecnológica
utilizada por los computadores para procesar
información, es considerado demasiado
grande por los evangelistas de la nanotecnología,
entre otras cosas porque "se puede ver".
Cuando se habla de tamaños, nano se refiere
a algo bastante pequeño. Un micrometro,
dimensión en la cual se desarrollan los
chips, equivale a la millonésima parte
de un metro. El nanometro es mil veces más
pequeño.
Sin embargo su efecto será grande. Las
investigaciones científicas avanzan,
y es necesario que otras áreas del pensamiento
humano también comiencen a intuir cómo
será el impacto de esta tecnología,
cuáles serían las consecuencias
de una manipulación inescrupulosa, de
qué forma impactará la desigualdad
existente en el mundo. Además, el poder
de creación es un concepto difícil,
que seguramente generará algunos roces
religiosos.
Y se desafiarán ideas. Para comenzar
los de aquellos que auguraban la muerte de la
era del átomo, frente a la importancia
del bit, unidad básica de la información
que se esparce por doquier. Ahora que estamos
en el futuro ya lo sabemos: el átomo
está por regresar a la primera plana.
Las visiones:
Debemos acostumbrarnos a la velocidad. Se insinúa
que una nanomáquina puede tener millones
de vibraciones en un segundo. Las ideas también
se esparcen rápido en nuestro mundo de
grandes. Se estima que este campo de investigación,
que brotó recién en los últimos
años, había provocado la creación
de 275 empresas hasta 1996, con ingresos por
5 mil millones de dólares.
"En el 2001 esos números se habrán
quintuplicado", asegura la corporación
NanoThinc, una compañía empeñada
en promocionar el desarrollo de la nanotecnología.
Su pronóstico es que se verán
resultados asombrosos dentro de unos 10 años.
NanoThinc va al grano al explicar la trascendencia
en el ordenamiento de los átomos. "Si
uno modifica los átomos del grafito en
la punta de un lápiz, obtiene un diamante,
si lo hace con los átomos del aire común,
tierra y agua, logra una papa".
La nanotecnología, que manipula la materia
a nivel atómico, se encargaría
de colocar los átomos en forma precisa
según un plan o diseño, "con
lo cual se abre un abanico de posibilidades
que es difícil de comprender hoy día".
Un analista de Intergalactic Reality que se
hace llamar Sky Coyote, aparece en Internet
aportando nuevos elementos para la definición:
"la nanotecnología se trata de la
fabricación de pequeñas máquinas
capaces de replicarse a si mismas, de replicar
otros materiales, y de realizar todo tipo de
funciones".
"El dilema no es si la nanotecnología
va a ser una realidad, sino cuándo",
agrega.
El futuro es un tema urticante, y en estos tiempos
se producen impaciencias naturales por ver concretados
los avances sugeridos por investigadores científicos.
Y suceden cosas inesperadas: Internet fue una
aparición sorpresiva. La nanotecnología
podría generar una ola aún más
definitiva de cambio, mientras que todavía
no hay señales claras sobre cual será
el futuro de la conquista del espacio, que en
cambio sí había sido pronosticada
por doquier.
¿Hasta dónde puede llegar este
nanomundo? Las visiones pueden ser perturbadoras.
Primero una apocalíptica, sensación
que ronda en forma permanente a los nuevos avances:
armas letales, como microscópicos robots
construidos por nanoensambladores, que recorren
las ciudades arrasando con sus habitantes mientras
se replican a si mismos.
U otra visión más edificante (literalmente):
edificios que se erigen solos, como por arte
de magia, bajo las ordenes de nanorobots equipados
con nanocomputadoras que aparte de autoreplicarse
inducen la creación y ensamblaje de estructuras
a nivel molecular. Ciudades enteras podrían
crearse, o recrearse.
Podrían fabricarse así autopistas
o televisores. También sería posible
eliminar la contaminación ambiental con
nanomáquinas diseñadas para "comérsela",
y crear alimentos, automóviles que pueden
cambiar de forma, muebles, procesos automáticos
de limpieza corporal, drogas artificiales, libros...
los nanorobots podrían reparar tuberías
y, por supuesto, generar una nueva frontera
de aplicaciones médicas, incluyendo la
regeneración de tejidos.
¿Será posible que nanomáquinas
puedan tapar el agujero de ozono?
Sí, suena demasiado fantasioso. Pero
hay un montón de científicos que
se dedican a resolver los dilemas que entraña
esta nueva frontera, convencidos de que será
posible lograr todo esto, algunas cosas antes
que otras.
En Internet se reproducen los web dedicados
al tema, y abundan los grupos de noticias. Como
el famoso sci.nanotech, cuyo lema es "un
lugar para cada átomo y cada átomo
en su lugar". Casi todas las estructuras
químicas "pueden ser especificadas
y por lo tanto construidas", afirman en
este sitio.
Y ya existen algunos modelos para inspirarse.
El científico David Blair, en la Universidad
de Utah, estudia el comportamiento del Flagelum,
un filamento que impulsa a las bacterias, y
que en la práctica es un motor, un nanomotor,
que desarrolla 15.000 revoluciones por minuto.
Además se dice que un investigador llamado
Don Eigler utilizó un microscopio electrónico
del tipo scanning-tunneling, STM, para mover
átomos de xenón y escribir las
siglas IBM.
El STM está convertido en una herramienta
importante para avanzar en la manipulación
atómica, aunque pese a su sofisticación
aún es considerado una herramienta rústica
para los desafíos que entraña
la nanotecnología.
Los obstáculos en el camino, sin embargo,
son diversos. La mentalidad cortoplacista de
los laboratorios y de quienes financian experimentos
es considerada como una traba para investigar
en este campo, que por cierto no es barato.
Y luego está el escepticismo.
Pero los nanotecnólogos dicen que hace
algún tiempo se creía que la genética
era fantasía.
Proteínas:
Drexler trabaja con su amigo Ralph Merkle, que
mantiene una página sobre nanotecnología
en la Red. Los dos se han propuesto la construcción
de un minúsculo brazo mecánico,
con millones de átomos pero aún
así más pequeño que una
partícula de polvo. Autoreplicante, y
con la capacidad de intervenir en la formación
de moléculas, pronostican.
En una reciente entrevista le preguntaron a
Drexler cuándo iba a convertirse en una
realidad la nanotecnología, y él
a su vez le preguntó a Merkle, que estaba
por allí. La respuesta fue bastante concreta:
el 12 de junio del 2015, a las 15 horas GMT.
Esta bien, quizás la fecha sea demasiado
exacta para un campo que apenas comienza a desarrollarse.
Pero Drexler asegura que ya empezó a
trabajar, y que el primer paso se da alrededor
de las proteínas. Así entra en
boga, en diversos laboratorios del mundo, una
"ingeniería de proteínas",
cuya meta final es encontrar la clave de la
nanotecnología.
Uno de los problemas para avanzar en este campo,
dice, es que los bioquímicos siguen actuando
como científicos y no como ingenieros.
Investigan la forma en que las proteínas
se comportan, pero no las fórmulas para
que ese comportamiento sea predecible o manipulable.
En cualquier caso ya comenzaron a producirse
algunas nanomáquinas basadas en proteínas.
"Cada día las conocemos más",
se argumenta en el texto de "Los motores
de la creación". También
se afirma que una representación del
uso de estos materiales con fines tecnológicos,
lo aporta su capacidad para formar enzimas.
"Las enzimas son máquinas capaces
de construir o de deshacer moléculas",
argumenta Drexler. Otra área interesante
es la de las hormonas, agrega. "Las nanomáquinas
obedecen a las leyes de la naturaleza",
admite.
Pero el lenguaje en el cual se ve el futuro
de este campo está lleno de conceptos
sugerentes: circuitos moleculares, computadoras
protéicas equipadas con memoria.
Y ese sería el primer paso, pues las
proteínas son frágiles ya que
"incluso se las puede cocinar", dice
Drexler. Sky Coyote es más determinante:
"las máquinas bioquímicas
son tontas... además las afectan el calor,
la luz, la oscuridad, el ph, el agua, entre
muchos otros materiales y factores... el hecho
de que hayan tardado dos mil millones de años
en evolucionar no significa que sean mejores,
simplemente supieron sobrevivir".
Pero Drexler no se desanima. "Utilizaremos
maquinaria hecha con proteínas para construir
nanomáquinas más resistentes".
Estos (pequeños) robots tendrán
funciones esenciales. La primera será
actuar como ensambladores, de la misma forma
que opera el trabajador de una fábrica,
pero construyendo moléculas. La segunda
será la capacidad de replicarse a velocidades
vertiginosas, lo que permitirá contar
con resultados a gran escala.
"Necesitamos aplicar a una escala molecular
el mismo concepto que ya demostró su
efectividad en el mundo macroscópico:
hacer que las partes sean colocadas donde queremos
que vayan, poniéndolas nosotros mismos",
argumentó Merkle.
Todavía será necesario superar
una serie de obstáculos, más allá
de las dificultades propias de la investigación.
En la comunidad científica se discute
si será mejor empezar desde abajo o desde
arriba (en tamaño) para llegar hasta
la escala nano. También se cuestiona
la viabilidad de una tecnología que deberá
luchar contra enemigos tan variados como el
principio de incertidumbre de Heisenberg y sus
efectos sobre la física cuántica,
el calor desplegado por las vibraciones moleculares,
las radiaciones cada vez más abundantes.
Y la pregunta de oro: ¿por qué
la naturaleza no creó sus propias máquinas
ensambladoras?
Entretanto, la búsqueda prosigue. El
Foresight Institute dirigido por Drexler se
ocupa de estimularla. Cada año se entregan
premios, de 5 o 10 mil dólares más
el anhelado reconocimiento científico,
para los investigadores que se hayan acercado
más a develar los misterios de la nanotecnología.
Y hay un "Gran Premio Feynman", en
honor al Premio Nóbel que hace casi 40
años sugirió la posibilidad de
ensamblar átomos. Son 250 mil dólares,
que tal vez sean sólo una pequeña
parte de la recompensa para quien los gane.
El galardón no tiene fecha de entrega,
y va a ser otorgado al primer científico
que haga funcionar un nanorobot. Será,
sin duda, un día muy especial.
|
|