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por:
Marcos Manuel Sánchez
mafiroco@hotmail.com
EL
MUNDO A ESCALA ATÓMICA
Tanto como millonésimas
de milímetro. Ese es el orden de magnitud de
los nuevos materiales moleculares de aplicaciones
sorprendentes, lo que ha dado origen a palabras
como Nanociencia y Nanotecnología. Para hacernos
una idea: una hormiga mide alrededor de un cm
(10-2 metros), una célula 20 micrometros (10-6
metros), un orgánulo del interior de la célula
como el ribosoma mide 25 nanometros (25x10-9
metros). Para apreciar lo pequeño que es un
átomo: un átomo es un 1/10.000 del tamaño de
una bacteria, a su vez un 1/10.000 del tamaño
de un mosquito. En un nanómetro cúbico caben
258 átomos de carbono.
Se ha escrito bastante en los últimos años sobre
los denominados nanocompuestos, y es que hay
que reconocer que ese término engloba a una
enorme diversidad de sustancias con un más que
prometedor futuro que influirá decisivamente
en nuestra vida cotidiana.
Actualmente se trabaja intensamente en la preparación
y el estudio de nuevos materiales moleculares
y supramoleculares que manifiesten propiedades
químicas y/o físicas, eléctricas, magnéticas
y ópticas, entre otras, para su utilización
como dispositivos químicos nanoscópicos. Estos
tienen aplicación en la Electrónica Molecular
o en Biomedicina como máquinas a escala atómica
con funciones de
Simple Pump Selective for Neon
www.imm.org Institute for
molecular manufacturing

limpieza de arterias dañadas por la arterioesclerosis,
reparadores de ADN, re-constructores de células
o “vasculocitos para la prevención de ataques
cardíacos por obstrucción de las arterias.
Hablamos de moléculas “engranadas”mecánicamente,
con las que se han diseñado los motores moleculares,
los interruptores nanoscópicos o sistemas de
almacenamiento de la información a escala atómica.
Se trata, principalmente, de los catenanos,
los “nudos “ (del inglés knots) y los rotaxanos,
formados por anillos o macrociclos entrelazados
atravesados por un “hilo” en linea recta y que
se pueden “ensamblar” entre sí.
Según David A. Leigh & Aden Murp, de la
Universidad de Warwick, Coventry, en su artículo
Molecular Tailoring: the made-to-measure properties
of rotaxane, publicado en Chemistry & Industry
el 1 de Marzo de 1999, el bloque de componentes
engarzados puede manifestar un comportamiento
distinto al de los “ladrillos” individuales.
Incluso puede presentar propiedades totalmente
nuevas. Los macrociclos protegen al hilo molecular
central como una funda que los preserva de agentes
externos. Así, según los mismos autores, se
consigue obtener pigmentos fotorresistentes,
con la posibilidad adicional de obtener hilos
más largos, estables, que pueden usarse como
“cables” moleculares.
El proceso de formación del rotaxano es reversible,
de modo que es posible recuperar el macrociclo
y aislarlo. Esto permitiría la existencia de
moléculas “con memoria de forma” que según el
ambiente que las rodea, adoptan una configuración
u otra, es decir, “recuerdan” la forma preferida.
Lo anterior abre la puerta al desarrollo de
los interruptores moleculares, de los que hablaremos
más adelante.
Nanocomputadoras electrónicas químicamente
ensambladas (CAEN)

Los científicos de los laboratorios Hewlett-Packard
en Palo Alto, California y en la Universidad
de California en Los Angeles (UCLA) están desarrollando
computadoras muy, muy pequeñas. Tanto como que
una de ellas cabría en un grano de arena. Estas
nuevas computadoras son, en realidad, moléculas.
¿Pueden ser las computadoras tan diminutas?
Todas las computadoras están basadas en un interruptor
de encendido-apagado. Los científicos han desarrollado
un rotaxano que actúa como tal interruptor:
–el rotaxano es “insertado” entre dos cables
cruzados. Cuando la molécula está en la posición
de "apagado", un electrón puede brincar desde
un cable hasta la molécula y luego desde esta
hasta el otro cable. Como el viajero que se
vale de un puente para cruzar un río. Imaginemos
que el puente fuese móvil: para crear la posición
de "encendido" los científicos aplican un campo
eléctrico entre los cables. Entonces, el electrón
ya no puede brincar tan fácilmente. El puente
ya no está allí.
Los científicos también están tratando de crear
cables más pequeños para ser usados con estas
nuevas moléculas. Han estirado tubos de carbono
hasta formar hilos delgados de un nanómetro
de ancho. Diez mil veces más finos que un cabello,
son el resultado del arrollamiento de capas
de átomos de carbono distribuidos en el espacio
según la estructura hexagonal típica de su sistema
cristalino. Descubiertos en 1991 por un investigador
de la NEC, estarían destinados a ser conectores
a escala atómica en dispositivos electrónicos.
Los científicos planean introducir capas de
moléculas de rotaxano en el interior de computadoras
ultra potentes. Las nuevas computadoras serán
mucho más pequeñas y varios miles de veces más
rápidas que las que usamos en la actualidad.
También serán más económicas. Se llaman "nanocomputadoras
electrónicas químicamente ensambladas" y sus
siglas en inglés son CAEN (chemically assembled
electronic nanocomputers). (www.harcourtschool.com/newsbreak/invisible_spn.html
Harcourt School publishers)
Se cree que los científicos necesitarán dos
años más para fabricar la primera CAEN. Y pocos
años después podrían venir ya las primeras CAEN
a la venta para todo el público. Quizá algún
día dispongamos de una en nuestros hogares.
Uno de los grandes retos a los que se enfrentan
los científicos en la actualidad es que cada
molécula de rotaxano sólo puede ser usada una
vez. Por ello, sirve únicamente para almacenar
información en la memoria de sólo lectura o
memoria ROM (read-only memory). Un ejemplo de
memoria ROM es la utilizada para guardar en
soporte CD-ROM una enciclopedia. Puede ser leída
pero no modificada.
La molécula de rotaxano no puede ser usada para
almacenar datos en la memoria de la computadora
que se cambia una y otra vez: la memoria de
acceso aleatorio usada en procesadores de texto
o memoria RAM (random-access memory). Los científicos
están tratando de desarrollar una molécula que
pueda utilizarse cuantas veces sea necesario.
Estas computadoras microscópicas, incorporadas
por ejemplo al torrente sanguíneo de una persona,
podrían identificar bacterias que no son mayores
que ellas. Así se conocerían los fármacos específicos
para combatir infecciones. Una entre miles de
posibilidades.
Phil Kuekes es un arquitecto de computadoras
Hewlett-Packard y un investigador de CAEN. "Eventualmente",
dice, "las computadoras serán tan pequeñas que
ni siquiera las notaremos. La computadora no
estará solamente en tu reloj de pulsera; estará
en las fibras de tu ropa".
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