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LA
MAGIA Y EL FUTURO DE LO PEQUEÑO: NANOTECNOLOGÍA
HEINRICH
ROHRER Y NICOLAS GARCIA
20-05-00
Fuente:
www.elmundo.es
Bardeen,
Brattain y Shockley hicieron, en 1948, el gran
descubrimiento científico que ha cambiado
la vida del siglo XX: el transistor. Cuando
observaron el efecto no podían vislumbrar
sus repercusiones. El transistor ha abierto
el espacio a los humanos y nos ha hecho tener
una vida más larga y llevadera. La medicina,
por ejemplo, no sería lo que es sin el
transistor. Bardeen, físico teórico,
es el único premio Nobel doble en Física.
Uno por el transistor (1956), y el otro por
la teoría de la superconductividad (1972).
El transistor es el paradigma más claro
de cómo la ciencia y la tecnología
van abrazadas.
Una gran invención es una idea genial,
un inicio pequeñito con un imprevisible
gran producto final. Que nadie piense que la
tecnología puede desarrollarse sin el
conocimiento profundo y científico que
la sustenta. Es cierto que podemos ser copy
cats (gatos copiadores), pero eso requiere empezar
a copiar pronto y darse cuenta muy temprano
de lo importante que es un hallazgo científico,
lo cual resulta tan importante como hacer el
descubrimiento. Esto es lo que hicieron los
japoneses con el transistor, al vislumbrar su
importancia y desarrollo futuro y comprar a
los Bell Laboratories la patente, lanzándose
a su desarrollo tecnológico.
La Sony fue, probablemente, la primera empresa
que puso en el mercado una radio hecha con transistores
en vez de válvulas. ¿Se imaginan
ustedes un satélite espacial hecho de
las antiguas válvulas?; ¿cuánto
pesaría?, ¿cómo debería
ser de grande? Imposible de poner en órbita.
Los países que se lanzaron a la aventura
de la integración de transistores, a
la microelectrónica, con ventaja inicial,
como Japón y EEUU, han marcado las pautas
con una diferencia abismal.
Hoy en día el río que nos lleva
nos hace soñar con ser grandes o, más
que eso, gigantes. Pero en lo pequeño,
lo individual y lo simple está la magia,
lo gracioso, lo elegante y la belleza. La miniaturización,
la microelectrónica, ha permitido el
desarrollo tan fenomenal de las últimos
décadas. La impetuosa marcha hacia lo
pequeño continúa. Las perspectivas
técnicas y financieras son enormes.
Pero la miniaturización no es suficiente,
no crea perspectivas, y es claro que antes que
después llegaremos al límite.
Era necesaria la idea lanzada por el físico
teórico Richard Feynman (Premio Nobel
1965), que inició una charla pidiendo
que no le hablaran de micropositivas, ni de
filminas, diciendo que quería saber cómo
mover átomos y formar configuraciones
distintas con ellos, ¡escribir con átomos!
El único problema es que no tenía
una visualización para llevar a cabo
la tarea.
Gerd Binning y uno de nosotros, Heinrich Rohrer,
hicieron en 1982 el descubrimiento que abrió
el camino a un terreno con una fisonomía
nueva. Descubrieron el microscopio de efecto
túnel (Premio Nobel 1986). ¿Para
qué puede servir esto? Para todo lo que
se avecina y que sin duda va cambiar otra vez
nuestras vidas y forma de pensar. Analizando
la corriente cuando la punta se mueve paralelamente
a la superficie, se pueden visualizar átomos
como entidades independientes, uno por uno,
no estadísticamente; pero además,
y esto es lo importante y singular, se ven,
palpándolos. El microscopio funciona
en campo cercano, a una distancia de dos o tres
átomos de la superficie. Después
de él, y basándose más
o menos en el mismo principio, se ha desarrollado
otra serie de herramientas que tienen la precisión
de trabajar en el nanómetro (la millonésima
parte de un milímetro).
Vienen entonces la imaginación y la curiosidad
científica: si podemos ver y palpar átomos
al mismo tiempo, también los podemos
manipular uno a uno. Podríamos escribir
todo lo que se publica en España en un
año en una superficie de sólo
un centímetro cuadrado. ¿No les
parece fantástico e impensable? Pues
ya se ha hecho. Lo que ocurre es que escribir
una letra con una punta cuesta días.
No importa, integramos un millón de puntas
en un chip de microelectrónica (proyecto
milpies). Ya se ha hecho.
Podemos estirar proteínas y ADN y ver
cuál es la magnitud de las fuerzas que
las mantienen unidas. Y podemos manejar nanotubos
y otras moléculas y macromoléculas.
Queremos hacer un barco, un nanobarco, que entre
en los vasos sanguíneos, detecte una
enfermedad en estado precoz y deposite una cantidad
de droga ínfima que la corrija localmente
sin afectar a otras partes del organismo. Y
queremos fabricar trillones de chips capaces
de tomar un pigmento y pintar un barco paseándose
por su superficie. Y podríamos....
Todo lo anterior nos permite integraciones de
terabits (un billón de bits) por centímetro
cuadrado, la memoria que tienen unos 200 ordenadores
juntos. Y se puede conseguir en un chip del
tamaño de un botón en un plazo
de no más de cinco años.
Podría aplicarse a las memorias magnéticas,
aunque se necesitan lectores magnéticos
en el nanómetro. Nuestro laboratorio
ha hecho patentes en este campo y está
en la vanguardia de esta investigación
con el desarrollo de nanocontactos magnéticos
balísticos que presentan una gran magnetorresistencia
a temperatura ambiente.
Hay que recordar que un ser humano tiene una
memoria de un terabit. Una memoria así
no sólo podrá almacenar datos,
sino también analizarlos, seleccionarlos
y tomar las decisiones más convenientes
en un momento determinado. Esto es inteligencia.
Con tal memoria será posible mantener
conversaciones audiovisuales mientras paseamos
o ver la televisión integrando un chip
en el ojo. Un chino y un español podrían
tener una conversación cada uno en su
propio idioma. ¿Por qué no?
El cerebro humano no es sólo memoria,
sino también interconexiones que permiten
ser memoria y procesador al mismo tiempo. Pero
esto es posible gracias al terabit de memoria
que posee. Ya existe el proyecto milpies consistente
en construir millones de pequeñas puntas
de manera que unas leen datos y otras procesan,
seleccionan y toman decisiones. El proyecto
se desarrolla en IBM Zúrich y tiene implicaciones
científicas y tecnológicas de
gran trascendencia, como ocurrió con
el microscopio de efecto túnel. Todo
esto es nanotecnología porque trata individualmente
los elementos nanométricos y luego los
integra o globaliza. Es una globalización
donde los individuos cuentan, es humanista.
Es difícil prever lo que la nanotecnología
puede alcanzar, pero su ruta debería
ser la de la vida, relacionando física,
química, biología y nuevos modelos
y simulaciones matemáticas. Es una ciencia
multidisciplinaria, y esta tecnología
sólo será realizable cuando se
comprendan los mecanismos básicos en
el rango nanométrico. Los países
que se lancen a esta aventura serán nuevos
líderes mundiales.
Nuestro futuro está en juego. El horizonte
y las perspectivas que se vislumbran son prácticamente
inimaginables. Todo depende de nuestra imaginación,
curiosidad, tenacidad y medios materiales, pero
sobre todo, y como siempre, de nuestros recursos
humanos. Por eso, países como EEUU, Japón,
Suiza o Alemania han explosionado en su investigación
sobre la ciencia de la nanoescala y la tecnología
que conlleva. No en vano, el presidente Clinton
anunció en su discurso del 21 de enero
de 2000, en el Instituto Tecnológico
de California (Caltech), -puede consultarse
completo en la dirección www.fsp.csic.es-
que en su nuevo presupuesto dedicaría
200.000 millones de pesetas a investigación
biomédica, pero que también quería
dejar como legado 100.000 millones de pesetas
a su Iniciativa sobre Nanotecnología,
que para él tiene un horizonte sin fin.
Suiza, en su tercera fase, dedica a esta iniciativa
8.000 millones en cuatro años; Japón,
unos 70.000 millones en cuatro años,
así como Alemania, Holanda, Suecia, etcétera.
Además, tienen centros de excelencia
y competencia en nanotecnología. Y estas
inversiones son adicionales al presupuesto normal
para investigación, que es grande. La
parrilla de salida es muy importante, porque
es una ciencia básica que producirá
tremendos outputs tecnológicos. Y en
España, ¿que está ocurriendo
en nanotecnología? Existe un grupo de
investigadores con un razonable impacto a nivel
internacional como indican los registros, que
andan dispersos. Andamos como francotiradores,
valiéndonos de los contactos que nos
hemos creado. Si queremos dinero, debemos buscarlo
donde podamos. No hay iniciativa ni presupuesto
especial.
De hecho, en el nuevo Plan Nacional de Investigación
Científica, Desarrollo e Innovación
Tecnológica 2000-2003, la nanotecnología
no está, no sabe o no contesta, y, sin
embargo, las comunicaciones tienen un papel
prominente. Es una inconsistencia tan grande
que no vale la pena ni discutirla. Porque es
claro que si queremos estar in, deberían
crearse la condiciones y los medios adecuados.
El nuevo Gobierno ha creado un Ministerio de
Ciencia, Tecnología y Comunicaciones.
Se trata de una oportunidad si su principal
misión no se dedica sólo a las
.com y a la distribución de las bandas
de frecuencia. Pueden ustedes imaginar, por
todo lo dicho antes, la efímera vida
que van a tener los portales de Internet y los
teléfonos celulares actuales.
Es evidente que la ciencia es el sustento del
desarrollo global y se basa en individuos que
pueden acreditar en los circuitos científicos
sus registros. Es necesario, más que
nunca, que los responsables y consejeros hayan
tenido y hayan sido personas relacionadas con
la ciencia y la tecnología y que se reestructuren
la plantilla de científicos y los sistemas
de contratación. Cuando una empresa no
es rentable se reestructura, se jubila al personal
no productivo y se contrata a otro.
El mayor y peor problema de la investigación
en España es el de la funcionarización
y la endogamia con personas que, hagan lo que
hagan, no pueden ser retiradas de sus puestos
fijos. Personas que claman que la ciencia no
tiene nada que ver con la tecnología
y retiran de las bibliotecas científicas
las revistas más importantes porque no
hablan mucho de tecnología. Hay una endogamia
reinante, en la que el 98% de los científicos
ha hecho su tesis en el sitio donde tiene el
puesto fijo y, en muchos casos, apañando
los tribunales. Hay instituciones científicas
que no pueden, o no quieren, contratar científicos
extranjeros de valía y donde los contratados
con sueldo racionales, que ni siquiera competitivos,
deben ser funcionarios.
Debemos hacernos atractivos a científicos
de todo el mundo para compartir sus ideas y
poner en práctica proyectos punteros.
Para ello debemos tener salarios y condiciones
de contratación de acuerdo con lo existente
en el mercado científico. Se trata de
tener un sistema seminal, no endogámico
y enfermo como es actualmente. El individuo
con registros ha de ser lo principal y debe
tener los medios y posibilidades de construir
a su gusto. Especialmente en nanotecnología,
que es una iniciativa muy dinámica en
todo el mundo.
Una ciencia basada en los individuos será
humanista. Moraleja: la ciencia y la tecnología
no son compartimentos separables como algunos
predican, tratando de vender oro por hojalata
cubierta con purpurina.
Heinrich
Rohrer es premio Nobel de Física y miembro
del Laboratorio de Física de Sistemas
Pequeños y Nanotecnología del
CSIC, dirigido por Nicolás García
García. |
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