Allá por 1.996 parece que el continente americano hizo una apuesta clara por el cultivo de plantas modificadas genéticamente. Doce años después, la superficie de cultivo llega a casi 700 millones de hectáreas.
Para poner esta superficie en perspectiva, digamos que en España, el mayor productor de trangénicos de la Unión Europea, hay algo más de 75.000 hectáreas y en Europa apenas 110.000. Estos cultivos americanos son el 80% de los existentes en el planeta.
Actualmente, aunque este tipo de cultivos suele llevarse a cabo en países en vías de desarrollo, a la cabeza se encuentran Estados Unidos, Argentina, Brasil y Canadá.
Cabe destacar que en los Estados Unidos la demanda crece cada año debido principalmente a la necesidad de biocombustibles. Y de todos los cultivos, el maíz es el rey: representa el 80% de la superficie total sembrada.
En Argentina, sin embargo, el principal cultivo es la soja con el 84% de un total de 19.1 millones de hectáreas sembradas. La exportación de semillas oleaginosas y la capacidad de producir dos cosechas al año han hecho que la renta de los agricultores haya aumentado significativamente el los últimos diez años.
En Brasil, una de las estrategias para erradicar la pobreza en el medio rural ha sido potenciar los cultivos transgénicos, principalmente de soja y algodón. De hecho, en noviembre de 2.007, se aprobó el Plan de acción para la ciencia, la tecnología y la innovación que incluye apoyar la biotecnología, los biocombustibles y la biodiversidad.

